sábado, 26 de abril de 2008

Cielo de Egipto con brumas de Londres


José Martí, en “El carácter de la Revista Venezolana”: “ni debe poner mano en una época quien no la conozca como a cosa propia, ni conociéndola de esta manera es dable esquivar el encanto y unidad artística que lleva a decir las cosas en el que fue su natural lenguaje. Éste es el color, y el ambiente, y la gracia, y la riqueza de estilo. No se ha de pintar cielo de Egipto con brumas de Londres; ni el verdor juvenil de nuestros valles con aquel verde pálido de arcadia, o verde lúgubre de Erin” (el subrayado es extemporáneo).


Martí no explicó por qué. ¿No sería, eso que él niega, lo más interesante?


Incluso, ¿lo apenas posible?

9 comentarios:

Rodrigo Márquez Tizano dijo...

Aburrido y previsiblemente preten;
a estos guerrileritos de parbulario les hace falta leer más; y husmear menos en internet para propagar envidias. Que pena.

Rodrigo Márquez Tizano dijo...

o se dise prebisiblemente? Pardvulario? Conpongan mi ortografía con urgencia!!!

Depto. Editorial dijo...

Sí, sería lo más interesante,aunque tengo mis dudas respecto a lo posible. Años después, a Novo le repugnaría el incipiente mexicanismo de los annos 30, por regodearse en lo propio, omitiendo lo demás. Si nadie soñara con el cielo de Egipto en un contexto diferente, se habría muerto ya la posibilidad de la ficción? Hace años, en una conversación que escuché contra mi voluntad (tema para otro día), alguien comentaba con alguienmás sobre porqué Rivera y el muralismo no podrían haber surgido de Europa, por ejemplo, y el impresionismo de América. Independientemente de los contextos políticos que podrían haber manejado, la respuesta era que lo que determina el estado de ánimo es el color del cielo, y el estado de ánimo es lo que determina la paleta del artista. (Yo no sé, ni me interesa realmente, pero cómo quisiera recuperar el tiempo perdido en esa conversación en la que, final y afortunadamente, ni participé). Eso es sólo en cuanto al cielo. La verdad es que Martí dijo bastantes cosas (Etté lo ha demostrado), la mitad de ellas creo que se tambalean actualmente. Además, como vimos, era dado a los protagonismos y teatralismos. Si sólo se restringiera el americano (palabra favorita de Martí) a América y sus tonalidades, quedarían muchos matices de gris sin explorar.

Depto. Editorial dijo...

Ahh! Ya entendí la relación: Martí-> Etté->SAAM...
ahora veo la intra e intertextualidad en acción!

Gonzalo Lizardo dijo...

Tres frases de Gilbert Durand se ajustan a la ocasión. Lo podrían haber escrito otros, pero igual funcionan:

a) "Toda obra es demiúrgica: crea, mediante palabras y frases, "un cielo nuevo y una tierra nueva".
b) "La necesidad del relato es la que selecciona su paisaje y no a la inversa, como podría creerse leyendo las obras de Balzac".
c) "Se puede decir de la literatura lo que Malraux dice de la pintura: no se pinta según la naturaleza, sino según la pintura".

Chido por el post, aburrido y previsiblemente pretencioso como lo exige su público, exhausto de tanta diversión y tanta (¿impredecible?) modestia.

¡Saludos!

Depto. Editorial dijo...

Gonzalo, qué elegante. Yo más bien pensaba en "aburrido de tanto niño 'posmo' que gusta de inventar sus apócopes para construirse su discurso de aire"
Saludos a la redacción y a mi tía Juanita.

extemporáneo uno dijo...

Hay algo inquietante en Balzac, a propósito (no sólo, pero a él mencionaron): nos hizo creer (la segunda persona del plural es obligatoria en este caso, pese a quien le pese) que esas páginas suyas son, o designan de algún modo, la realidad. ¡La realidad, un montón de palabras! La realidad extratextual, la sensible, cuando las palabras sólo son un pequeño elemento de ella, a veces sonoro, a veces visual. Tendría Balzac idea de lo que estaba haciendo o estaba tan persuadido por el error como nosotros, sus lectores. Creo más bien en esto último, a veces con ciertas reservas. Entonces, ese "como podría creerse" que ha escrito Gonzalo, ese logrado placebo, es la verdadera "obra" de Balzac. Una mentira; cuánto mejor. Tan grande es, o nos parece (pero aquí la segunda persona designa a Los Extemporáneos y a quien se sume), que ante ella, admirados, no podemos sino intentar destruirla (o más bien casi incomodarla).

Con otra mentira.

Sea.

Anónimo dijo...

Marti es la gran pureza de America

extemporáneo uno dijo...

por eso no nos sirve, mi amigo anónimo, por su--lo que sea que entiendas con--pureza. nos hace falta el error, lo sucio, lo aburrido y pretencioso, lo falaz, la mentira, pues, la literatura. pero igual de nada.