lunes, 9 de junio de 2008

Viaje a las estrellas

El amplio espectro de posibilidades que ofrece la relación viaje-escritura forma parte de cualquier catálogo de lugares comunes, tópicos y frases hechas que todo escritor debe consultar de vez en vez para decir cosas inteligentes durante las entrevistas. Célebre es la mención de Piglia sobre que el viaje y el crimen son los dos grandes temas de toda ficción, frase parecida a la de Borges, al respecto de la triada de unidades significativas que englobaban toda la literatura: el viaje, el sacrificio y no recuerdo cuál otra más (si a alguien le interesa está su conferencia “La metáfora”, en Arte poética).

Oficio de lector es el ocio, sable de doble filo. Presa del lado traicionero de tal arma abrí y leí, sorprendido, El naranjo. A lo largo de los cinco textos Fuentes deja en claro varias ideas, a saber: 1) él es mexicano, 2) su mexicanidad (lo que sea que eso signifique) lo obnubila y lo exhorta a escribir sobre ella, 3) la mejor (y más rápida, supongo) manera de hacerlo es echando mano de ese subgénero inexplicable llamado nueva narrativa histórica. Publicado en 1994, el libro se convierte en uno más de los desperdicios que provocó el festejo de los quinientos años del descubrimiento del Nuevo Mundo (no entremos en detalles epistemológicos al respecto).

En mi parcialidad algo digno de reflexión encuentro en las páginas de tal alarde nacionalista-azteca-mexicano: las firmas de cada cuento. Al final de cada uno, Fuentes viajero-escritor se asegura de alertar al lector sobre las fechas y los lugares de composición:

“Las dos orillas”, Londres-México, invierto de 1991-1992.

“Los hijos del conquistador”, El Escorial, julio de 1992.

“Las dos Numancias”, Valdemorillo-Formentor, verano de 1992.

“Apolo y las putas”, Acapulco-Londres, mayo 1991-septiembre 1992.

“Las dos Américas”, Londres, 11 de noviembre de 1992.

Metáfora de su creación, Fuentes compuso el libro desde las dos orillas. En mayo de 1991, desde Acapulco, comenzó la redacción del libro. Al llegar a Londrés terminó “Apolo y las putas” y comenzó “Las dos orillas”, que concluyó de vuelta en su amada tierra. En julio de ese año se recluyó en El Escorial (qué mejor lugar que la guarida de Felipe II) para escribir “Los hijos del conquistador”; se trasladó a Valdemorillo (a 13 km del refugio del emperador) y de allí a la playa de Mallorca, donde terminó “Las dos Numancias”. Harto del clima español se fue a Londres a poner punto final a “Las dos Américas”. Casi un año de trote costó el libro: ¿cómo si no podría uno actualizar tantos mitos y tantas historias desde el otro mundo y a medio paso entre océanos?

Supongo que el texto está para moraleja: vive tus libros, ama tu patria, publica en alfaguara




8 comentarios:

extemporáneo uno dijo...

A juzgar por la obra del viejo, creo que el otro tema borgesiano que te faltó es...

¡Borges!

[Redoble.]

De nada.

Sergio Alejandro Aguillón-Mata dijo...

No estás tan desencaminado, extemporáneo uno: el tema es "el doble".

Anónimo dijo...

¿No se supone que el redoble va antes de la respuesta? Lo que no recuerdo es cuál es el ejemplo que da Borges para el tema del doble. Pal viaje, la odisea; pal sacrificio, los evangelios; ¿pal doble?

Soy extemporáneo dos, pero me dio flojera registrarme...

Pável dijo...

Lo único que sé es que Fuentes se ve muy bien así, en su versión tropicalona y relajada, antes que en su trajeado y almidonado rictus habitual.

En el agua clara, que brota en la fuente...

El redoble antes enfatiza la tensión y el momento crítico, el redoble después es una burla bastante chistosona y puede imitarse sin necesidad de una batería, con la trompa suele salir bien.

Anónimo dijo...

En el caso de Fuentes, los temas son:
a) El doble (de Carlos Fuentes, of course)
b) El redoble (de la crítica especializada ante la obra de Carlos Fuentes)
c) El mandoble (con que trincha a los críticos que se desayuna cuando atacan su obra)
c) El pasodoble (por sus constantes paseos entre el viejo y el nuevo continente)

Gonzalo Lizardo dijo...

Bonita obra debe ser "El naranjo" si te resultó más interesante hablar sobre los paratextos que sobre el texto.

Saludos!

Depto. Editorial dijo...

Solo puedo decir: no la leí. Tendría que haberlo hecho, por puro respeto a mis compañeros, si no por interés, en al menos dos ocasiones. Pero no pude, qué repelente.

Isteri dijo...

el único cuento que vale en ese libro es el de Los hijos del conquistador.